jueves, 17 de diciembre de 2020
sábado, 12 de diciembre de 2020
viernes, 11 de diciembre de 2020
Lo poético como tarea de encuentro:
( ¿lo poético es personal ?).
“Nuestra tarea no es ir
lejos, es ir cerca. Construir espejismos que nos ayuden a vernos en el espejo”.
D.B.
Desde que me hice cargo de mi vida, escribir poesía ha sido siempre una estrategia de salida.De salida de un atolladero, de una interrogante (aparentemente) insoluble, de un dolor oscuro, de una herida dulce.
Una forma de encuentro conmigo misma; de dibujarme
y repasar mis líneas, borroneadas por el amor o por el espanto.
Así se
fue instituyendo el lugar de la escritura en mi vida; fuera esta una escritura íntima o compartida, desde
su despliegue fue des/plegando y
delineado mi subjetividad.
O quizás lo contrario:
mientras fui escribiendo, fui instituyéndome como sujeto social, que se
dibujaba como mujer concreta, en el acto de escribir/me.
Diversos autores, en general estructuralistas, definen la
escritura “como a una práctica significante”; es decir, una práctica que instituye sentidos (configura, instala, crea) o pone en
cuestión lo instituído de los discursos que van tejiendo, explicando( y también tensando) el orden social.
Más precisamente la poesía, o lo poético (como uno de los
modos de esa práctica significante), contiene
algunos rasgos que podrían constituirse como propiciadores de la emergencia de
un discurso alternativo, o cuestionador, o simplemente “otro”.
Un otro discurso que habla de otra/s variadas maneras de
entender y constituir el ir siendo, y que por esto precisamente, recepciona,
sostiene y da visibilidad a la escritura-entretejido intencionado de palabras-de
quienes están invisibilizados por ese
orden social dominante.
La interrogante acerca de por qué este modo –lo poético- era el que “casi naturalmente”
tomaban mis palabras allá y entonces, se fue configurando cuando ya militante,
y operadora en psicología social y luego
madre, me fui encontrando con otras
mujeres y sus palabras-más visibles o más escondidas- en los diferentes
espacios de reflexión sobre la autoestima, o sobre feminismo, o aún acerca de
lo político, todas con una búsqueda de expresión y un modo similar para la misma.
Desde este tránsito es que asumo y pongo a consideración que
la poesía como producto; o su estética y ética, como constitutivas de lo
poético , son un modo privilegiado para las escrituras que intentan abarcar ese/este
“ir siendo” instituyente.
Nicola Abbagnano
distingue tres conceptos fundamentales de poesía: 1) la poesía como
estímulo o participación emotiva; 2) la poesía como verdad; 3) la poesía como
modo privilegiado de expresión lingüística; Diana Bellessi la define como la idiota
de la familia-la que reside en el hogar, en lo íntimo, siguiendo el origen de
la palabra-; Julia Kristeva la ubica en el nivel de lo preverbal, previa a la inclusión del sujeto en el sistema
del lenguaje y por ello, cercano a “lo materno”.
Estas apreciaciones confluyen en un cierto énfasis, y nos pueden acercar a entender lo poético como
un modo de enunciación que al emerger, moviliza una energía (la “chora”) que
puede poner en movimiento la relación entre signo y significante, no para
desconocerlos, aunque quizás si para modificarlos, airearlos, movilizarlos. Y
que coloca al sujeto de la enunciación-o al yo lirico en el caso de las
escribientes –en una zona de intermediación entre lo que está y lo que aún no
es: Ver no viendo, propone Helene Cisoux, para animar/se/nos a tomar contacto
con lo que no está en la superficie, lo implícito, lo siniestro y aún, lo
caótico que habita en un ser que va deviniendo en tal, en su relación con
otros.
Ese es, para mí, el sentido del “estar cerca” que elige Diana
Bellessi para definir el para qué de la poesía: cerca de la pequeña voz del
mundo, que no es tal por insignificante, sino precisamente por cotidiana, sensible, alerta/alertante de lo
que puede devenir (en el sentido deleuziano*1).
Podemos también plantearnos que la poesía, en tanto praxis significante, puede y necesita desafiar y desarmar el sentido de lo receptivo como mera pasividad, que el sistema patriarcal y el capitalismo montado sobre el mismo imponen al discurso (es decir al pensamiento y comprensión del mundo y la realidad) dominante.
Incluso me animaría a
decir que pueden descubrirse textos de
poesía feminista, ya sea por intención de sus autoras, o por efecto (incluso por “añadidura”, como diría J.Lacan).
Esta última afirmación me la anima a pensar aquella consigna que acuñaron los movimientos feministas :
”lo personal es político”.*2
Hoy, desde esta interrogante y desde mi experiencia anudada a
ella de alguna forma, he llegado a considerar que la poesía, en sí, es una expresión
de Lo Femenino, entendiéndolo como a
aquel aspecto de la totalidad que la constituye en tal; el polo que
aporta lo receptivo, lo gestante, lo creativo; lo intuitivo, la emocionalidad.
Me gusta pensarla como Poiesis, como actitud del ser,
deviniendo; en tensión necesaria y permanente con la Praxis.
Creo que también esto nos habilita a hacernos el espacio para reconocer que son visibles diferentes formas de ser Mujer, de devenir Mujer, o mujeres. La Mujer no Existe(ya lo dejó sentado el ya mencionado psicoanalista Jacques Lacan).
Existimos las mujeres.
(Mujeres: existimos!)
Sobrevivimos siendo mujeres de diversas formas; sobrevivimos
creando diferentes maneras de ser mujeres existiendo. Nos recreamos de
diferentes maneras, escribiendo y reescribiéndonos, dando sentido de potencia a
la afirmación renacida en este taller:
lo personal es poético.
*2 http://www.diariofemenino.com.ar/documentos/lo-personal-es-politico_final.pdf
miércoles, 25 de noviembre de 2020
Hace unos años, con la querida Nancy Rial, en Habana, Cuba.
Gracias Revista Topía!
"
Tallereando en La Habana
Reflexiones a partir de un ciclo de talleres de escritura colectiva realizado en El Vedado, La Habana, en el mes de febrero de 2016.
Lo que presentamos a continuación es una reconstrucción –una entre varias posibles- de la experiencia realizada junto a la MSc. Nancy Rial en febrero pasado, en el marco de la Feria Internacional del Libro y con el aval del Centro de Orientación a la Población (COAP) de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.
La misma constó de cuatro talleres de escritura colectiva con mujeres, convocadas por tres organizaciones: Irreverencia Producciones y Red Social Haciendo Almas, las dos de la sociedad civil, y Taller de Transformación Integral del Barrio Vedado-Malecón, subordinado a la Asamblea Municipal del Poder Popular del Municipio Plaza de la Revolución, que previamente habían aceptado la propuesta de conocernos a través de la tarea."
Artículo completo:
https://www.topia.com.ar/articulos/tallereando-habana
https://www.facebook.com/poeticacolectiva
sábado, 21 de noviembre de 2020
Escribir nuestro ir siendo
“Y ya que hay que escribir, que al menos
no aplastemos con palabras las entrelíneas”
Clarice Lispector
Nada
demasiado altisonante. Ni excesivas certezas. Solo una convicción.
No hay
demasiada teoría revisada para sostener esta propuesta. Si, quizás hay una
praxis, en el sentido gramsciano: un hacer crítico sobre sí, para sí; para
volver al hacer.
De ella es
que nace esa convicción acerca de que
podemos ir dibujando nuestro ir siendo, mientras escribimos.
Por ello
quizás es necesario que dediquemos un tiempo a
pensar este acuerdo implícito, que las trajo hasta este lugar.
También es
conveniente subrayar que escribir supone un para quién: la escritura no cumple
su función –aunque la concibamos como memoria y no como comunicación-si no se
incluye en su concepción la presencia de un/a/s lector/s.
Volcar,
dibujar palabras en un soporte concreto, y proponerlas al mundo externo pide de
la responsabilidad y la celebración de concebir la existencia contingente o
constante de unos otros/as/es.
Si podemos
elegir el cómo, el quienes(a veces), el para quienes (siempre) y el cuándo;
pero no escondernos en el “para mi”, a la vez que ir creando un centro de
gravedad, un punto de partida.
Porque
también está implícito, en esta propuesta, que no es lo mismo escribir siendo
varón que siendo mujer ,aunque asumamos el condicionamiento tanto como el
conflicto, en la construcción de las dos identidades de género.
Confieso que
aún no puedo testimoniar, quizás por falta de dialogo, la construcción de otras
definiciones de género que también van siendo en este tramo de la historia y la
cultura que compartimos. Las enuncio para no excluirlas. Pero no las nombro,
por ignorancia. Escucho, para escribir. Me abro, para escribir. Escribir puede entenderse como la maravilla de un
hábito automático, que aparece como primer resultado de la alfabetización-
privilegio invisibilizado-. Que es el anverso y reverso del leer, ambos
enredados en el circuito moébico del pensar.
Por ello es
un acto que parte y genera y vuelve a la comunidad. Por sinuosos caminos.
Escribir
implica un “para quienes” junto al “para qué” y en algún momento hay que
detenerse a explicitarlo para que tome fuerza la escritura. Y sentido. Hasta
estilo (a pesar de-o justamente- lo que plantea Roland Barthes)*.
*El grado Cero de la
escritura, Barthes, R.
Mi camino
por diferentes grupos y colectivos me ha ido mostrando que muchas mujeres
escriben: cartas para sus afectos, “pensamientos”, diarios personales, etc.; de
forma más o menos sistemática, más o menos intencionada. Pero escriben.
Lo necesitan
para hacerle espacio a una parte de su ir siendo.
En esos
textos en general se evidencia un dialogo casi intimo consigo misma o con otros
cercanos. Como para verificarse, reconocerse, escucharse a sí misma.
Por ello,
cuando hablamos de escritura, de escribir el siendo; de qué tipo de escritura
hablamos? Qué condiciones tiene? Qué funciones cumple?
Es
equivalente el deber que se cumple en medio de un proceso de educación formal,
un escribir que copia a otros, que junta información teórica a la escritura que recoge interrogantes o a
la que indaga en lo no dicho aún?
Es escritura
repetir lo dicho por otros/otras anteriormente, de manera más o menos prolija?
Nos acompañan esas interrogantes. Seguirán aquí.
Pero sí afirmo/se afirma en esta propuesta de
taller, que no se propone una mirada acerca de la escritura, pensando en el
saber literario, que sin duda algo tiene para aportar, desarmar, señalar; más
bien esta propuesta está intentando acercarse a la escritura como un campo de
acción, de despliegue de la tensión entre los significados y significantes, y
es por ello en el encuentro entre la escribiente, los y las lectoras y el papel
en blanco material y social, se abre un proceso de elaboración de posibles
comprensiones de una realidad, que es
varias a la vez.
De esta
mirada es que nace esa convicción de que podemos ir dibujando nuestro ir siendo,
mientras (nos) escribimos o mejor dicho, devenimos escritura.
Por ello
quizás es necesario que dediquemos un tiempo a
pensar este acuerdo implícito, que las trajo hasta este lugar.
Por ello,
sin duda, el acto de escribir implica un trabajo al que debemos dedicar tiempo,
para que se convierta en escritura. Como propone Leila Guerriero:
“Hay que
amasar el pan con rencor, con tristeza, con recuerdos, con el corazón hecho
pedazos, con los muertos. Hay que amasar el pan pensando en lo que se va a
hacer después. Hay que amasar el pan como si no fuera a hacerse nada, nunca
más, después. Hay que amasar el pan con harina, con agua, con sal, con
levadura, con manteca, con sésamo, con amapola. Hay que amasar el pan con valor,
con receta, con improvisación, con dudas. Con la certeza de que va a fallar.
Con la certeza de que saldrá bien.”*
Pensemoslo.
Propongamoslo. Escribamoslo. No será sino se comparte, se desarma, se rearma.
*https://elpais.com/elpais/2016/06/07/opinion/1465310501_943283.html



