martes, 25 de junio de 2013



tengo en mi vida
una riqueza que es pura paradoja:
se escurre entre mis dedos aún siendo oro
deja huella a la vez que
me enseña a no apretar el puño
para que no desaparezca su brillo
a no apurar su disfrute
sabiendo que es mejor que vaya se vaya
que intentar detenerla y dejar de verla
de tenerla entre los dedos
aunque sea un instante

un instante que pocas han sabido vivir
que pocas han sabido como ser su puente.

miércoles, 29 de mayo de 2013




Un hombre  manso.



me asfixia el sentido explicativo más común
sobre lo manso
(ese dicho con ojos entrecerrados y tono de displiscencia
sumándole a su horizonte  propio
el de la pasividad/debilidad/desgano).
en ese paréntesis
ser manso es visto como  sin proyecto
sin rebelión ni propuesta, sin palabra
sin embargo
mi dulce claustrofobia me salva
de significados únicos
me abre los pulmones el cerebro
y me habilita
de otros significantes para la mansedumbre:

también es la paciencia de quien tiene estrategia
y para ella fabrica tiempo
aunque no tenga armas o herramientas
manso  es quien prepara el camino de su invención.

mansos han sido nombrados  los pueblos
mientras sostenían en sus espaldas
los más álgidos y ridículos autoritarismos

mansos los conquistados los castigados
los doblegados por la fuerza
mientras imaginaban casi sin aire
su estrategia de oposición.

mansas las mujeres que buscan a sus hijos
más allá y más acá del polvo
hasta su alma
mansas las que parieron en las sombras
y las que con dolor pusieron hiato a sus arrullos
mansas y bravas y concientes
mansas por gestar, por pelear
por sostener/se .

manso mi abuelo:
aún recuerdo su figura de quijote
alejándose de mi por el sendero del celdario
hacia la salida del penal de punta de rieles
con el mismo sostenido paso
con que lo había visto ir y venir
por la larga ruta de acceso
al penal de Libertad.

jueves, 25 de abril de 2013



                       
 otro más de Marta...







 Fantasía

                                                         Marta Susana Briceño         

Yo, que venía sembrada de soledades
                                           y silencios               
y busqué un desierto donde sentirme lejos.

Yo, que en un paradojal cimbronazo
                                             del tiempo
me encontré en el paréntesis de tus distancias
                                               y desencuentros.
Yo,  que entre tantas historias diferentes
no pude ver la señal
                               de ternura y de deseo
con que venías a despabilarme el desaliento

                   Y te bebí el amor, sin aprender,
                   para seguir buscando en el desierto.

Y hoy que soy lo que fui,
         lo que seré después,
que te puedo nombrar porque estás
         más acá del ayer y más allá del hoy,
me desnuda la urgencia de encontrar,
buscando tu señal
                   tu signo vertical,
tu amor sin tiempo.

                           







Aqui comparto con ustedes un regalo, una hebra , una resonancia desde la otra orilla de un mismo río, que tanto nos separa como nos condena a mirarnos porfiadamente a los ojos...
De Concordia, gracias Marta.



                


Fantasmas
                                      Marta Susana Briceño

A veces quisiera saber de los fantasmas.
Esa sombra altanera,
esa silueta oscura
que hiere los espacios y deja las palabras
como espigas sin granos.
Y quisiera nombrarlos
y enfrentarlos,
desde todas las arrugas de mi cara
y hasta la posible tersura de su estampa.
Y saber de sus ojos y sus manos,
de la tibia caricia con que engañan,
y encontrar un lugar
donde olvidar
el sueño en que se hamacan.
Y busco la hendidura,
esa hendija vital,
esa cósmica puerta de salida
y de entrada.
Esa puerta por donde salgo hacia la nada,
y por donde vuelvo,
para habitarme de hologramas,
hasta que alguna vez,
por fin,
la puerta esté cerrada.